Mitos sobre las Residencias de Mayores

Desde hace un tiempo, las residencias de mayores se han convertido en un recurso importante para la población por diversos motivos.
La esperanza de vida ha aumentado. Cada vez hay más personas mayores y menos niños o jóvenes.
Siempre hay dudas a la hora de decidir si una residencia es lo más conveniente para nuestros mayores porque, desde hace tiempo, se vienen perpetuando unos mitos que no son ciertos y que vale la pena comentar para conocer un poco mejor qué es lo que sucede en realidad en las residencias para mayores.

- Las residencias son para aquellos cuyas familias no se preocupan por ellos.
¿Cómo voy a dejar a mi padre o mi madre, la persona que me dio la vida, en una residencia, allí abandonada? Esto es lo que piensa mucha gente cuando baraja la posibilidad de optar por una residencia para el cuidado de su padre o su madre, como si el hecho de hacerlo supusiera que no se preocupa por ella.
En una residencia nadie queda abandonado. Se delegan los cuidados en personas cualificadas que conviven con las personas mayores y les dan compañía, diálogo, cariño y recursos para ayudarles a seguir siendo autónomos dentro de sus posibilidades. Los familiares, obviamente, pueden ir a la residencia cuando quieran, de manera que el tiempo con los padres puede seguir siendo elevado, sin las responsabilidades de los cuidados, que quizás por falta de tiempo pudieran verse mermados por querer hacerlo en casa.

- En las residencias tratan mal a los ancianos.
Todos conocemos a algún profesor o profesora que no trata bien a los niños y no por eso pensamos que en los colegios se les trata mal.
La realidad es que las residencias tienen cada vez más recursos y cada vez más especialización, proporcionando unos mejores cuidados, con servicios de nutrición, rehabilitación, peluquería, dinamización, etc., que hace que nuestros mayores tengan cada día muchas alternativas para cubrir no solo sus necesidades básicas, sino también para sentir que tienen responsabilidades, cosas importantes que hacer, momentos lúdicos, etc.


- En las residencias te vas apagando poco a poco.
Se cree que en las residencias una persona mayor entra para irse apagando, víctima de la tristeza y la soledad, hasta que se “marchita” finalmente.
Allí hay tiempo y recursos para, no solo no “apagarte”, sino encender nuevas luces. Servicios de rehabilitación que ayuden a fortalecer el cuerpo, músculos, articulaciones. Profesionales expertos en demencias que pueden programar actividades para ayudar a las personas a seguir recordando, a hablar de su familia, a crear nuevos recuerdos. Actividades con que seguir aprendiendo cosas nuevas, de ocio, culturales, con nuevas tareas y responsabilidades para ellos, muy importantes, pues se sabe que cuando una persona mayor siente que algo depende de ella, su esperanza de vida es aún mayor y sus últimos años de más calidad, por seguir sintiéndose útil e importante.

- Las residencias son lugares oscuros donde abunda la tristeza.
Las residencias de mayores son, en realidad, lugares muy especiales. Para aquellos que tenemos la muerte lejana, o que la vemos de ese modo, puede ser duro pensar en vivir ahí porque tenemos todavía mucho por hacer. Pero nuestros padres, nuestros mayores, están en otro momento vital, y una residencia es un lugar para ellos muy diferente. Allí hay muchas personas en situaciones similares, hay muchos sentimientos flotando en el día a día. Personas nuevas que llegan, personas que se van. Es vivir con personas que conocen a los mayores, cómo piensan, cómo sienten, y que se dedican a hacerles la vida más fácil. Detalles como llamarles por su nombre, hablar de sus familias, de cosas importantes que les sucedieron en el pasado, de cosas que van a hacer ese día, de cosas que les preocupan, hacen posible que sea un lugar donde puedan sentirse queridos y acompañados.





De hecho, una residencia no es una cárcel, pues nadie que pueda tomar sus propias decisiones está ahí contra su voluntad.





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